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Discurso de bienvenida nuevos ingresantes CONICET

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San Miguel de Tucumán, 18 de septiembre de 2026
Discurso a cargo de Dra. Constanza Melián

Palabras de bienvenida a los nuevos ingresantes al CONICET

Estimadas autoridades presentes,
Investigadores, personal de apoyo, becarias y becarios, y a todos los presentes:

Nos reunimos hoy para dar una cálida bienvenida a las y los nuevos ingresantes al CONICET. Hoy es un día de celebración en el que vemos reflejado el fruto de tantos años de esfuerzo a lo largo de este camino transitado; pero también es una jornada para reflexionar y tomar conciencia sobre nuestro rol y nuestro verdadero compromiso con la ciencia y con la sociedad.

Para mí es un enorme privilegio poder compartir unas palabras en esta ocasión tan especial. Cuando me invitaron a hablar, no lo dudé un segundo, e inevitablemente vinieron a mi mente muchos recuerdos y anécdotas vividas a lo largo de los años con los que, me atrevo a decir, muchos de ustedes se sentirán identificados.

Allá por el año 2008, mientras cursaba el último año del secundario en mi queridísima Escuela Normal, tuvimos que realizar un proyecto de investigación que incluía entrevistas y visitas a institutos del CONICET. Fue allí donde tuve mi primer acercamiento con el Centro de Referencia para Lactobacilos (CERELA), el lugar donde, años más tarde, comenzaría formalmente mi camino en la ciencia: primero como concurrente, luego como becaria doctoral y posdoctoral, hasta que me tocó celebrar mi ingreso como Investigadora Asistente nada más y nada menos que en el año de su quincuagésimo aniversario.

Pienso en todos los años transcurridos y en todo lo vivido, y me resulta increíble recordar cómo a mis 17 años ese lugar me parecía casi inalcanzable. Hoy, más allá de la meta lograda, me siento profundamente orgullosa del camino recorrido. Fue un inicio lleno de ilusiones, expectativas y metas propuestas, pero también de miedos e incertidumbre. Sin embargo, por encima de todo, prevaleció el entusiasmo: una curiosidad enorme que me acompaña desde niña y que siempre me llevó a preguntar, a indagar y a querer saber más.

Ese entusiasmo se convirtió en mi bandera hasta el día de hoy, y espero jamás perder esa motivación, a pesar de que muchas veces el camino resulte arduo o adverso. Hacer ciencia no es fácil —les mentiría si dijera lo contrario—, pero elegir este camino nos deja enseñanzas que van mucho más allá de las lecturas o de los artículos publicados. Hacer ciencia nos enseña a superarnos constantemente, a lidiar con la frustración cuando los resultados no son los esperados, a vencer el miedo al diseñar un experimento, al hablar en público o al realizar una pasantía en el exterior. Nos enseña a confiar en nuestro propio criterio, a defender nuestras ideas y a ser resilientes ante la adversidad, las evaluaciones constantes y los tiempos ajustados.

Pero, sobre todo, hacer ciencia nos enseña que, tanto en las buenas como en las malas, siempre habrá alguien al lado para tendernos una mano, dar un abrazo, contener o celebrar. La ciencia nos habla de compañerismo, de que a ningún lado se llega en soledad, de que los grandes logros solo se alcanzan cuando trabajamos en equipo dejando de lado el egoísmo.

A veces no lo notamos, pero pasamos la mayor parte de nuestras vidas en el laboratorio, en la oficina o en el instituto. Nuestro entorno de trabajo ha sido, es y será testigo de nuestros mayores logros, de alegrías compartidas y también de las dificultades propias de la vida. Por eso es vital construir espacios basados en el respeto, la buena convivencia y la solidaridad. La solidez de una institución se alcanza a través de la unión y del accionar colectivo.

Poder elegir el camino de la investigación es un privilegio que conlleva una enorme responsabilidad, más aún en los tiempos que corren. Debemos comprometernos y valorar el lugar que ocupamos. Nuestro rol como científicos debe trascender las paredes del laboratorio: tenemos el deber de comunicar nuestro trabajo y poner el conocimiento al servicio de la sociedad. Defendamos la ciencia alzando la bandera de la educación, de la cultura y de la unidad. Hoy somos nosotros quienes tenemos la oportunidad de estar aquí, pero no olvidamos que muchos otros aún continúan esperando. Deseo sinceramente que las condiciones se regularicen y que nuestra comunidad científica siga creciendo y fortaleciéndose.

Anhelo que nunca perdamos la curiosidad infantil que nos trajo hasta aquí, que jamás falten las ganas de esforzarnos y superarnos, y que la pasión por lo que hacemos siga intacta. Así, cada paso en este camino habrá valido la pena.

Para finalizar, me gustaría compartir una frase del General Manuel Belgrano, a quien admiro profundamente, para invitarlos a reflexionar sobre nuestro rol, primero como personas y luego como profesionales al servicio de nuestra Nación:

"Trabajé siempre para mi patria poniendo voluntad, no incertidumbre; método, no desorden; disciplina, no caos; constancia, no improvisación; firmeza, no blandura; magnanimidad, no condescendencia."

— General Manuel Belgrano

Por un camino que nos invite a crecer, nos fortalezca y nos motive día a día...
¡Muy bienvenidos y felicidades a todos!

Muchas gracias por su atención.

Constanza Melián

CONICET

 

Documento generado para el acto de bienvenida de ingresantes al CONICET • Tucumán, 2026